Lema Orante El entramado de la Vida

Escuela Neijing

Los entramados de la Vida se hacen exigentes. Sí. Cada corpúsculo vital que forma parte de ese entramado… se hace promotor de esas exigencias de la totalidad. Y es así que… cada unidad debe responder en base a esa exigencia.

En la medida en que no se hace, y se ampara en… la desidia, lo corriente, lo habitual, lo acostumbrado…, los circuitos de ese entramado se debilitan, se vulgarizan.

Las excepciones se hacen imperiosamente necesarias. Porque ese entramado de Vida –que procede del Misterio, y es el reclamo de la oración de hoy- es necesario para que la Vida –en su misterio y… en lo que decimos que sabemos de ella-, pueda dar la expresividad necesaria para ¡testimoniar… a la Creación! Y así, cada acción, cada postura, en cualquier situación, debe ser ¡creativa! Y así se hace… ¡exigente! Y, para ello, debe cotejarse –¡cotejarse!- con el entorno; ¡coligarse con el medio!…

El ser no puede usurparse y escaparse de esa trama. Lo hace con frecuencia; y con tanta frecuencia, que no se para a relacionarse con lo que se sabe, lo que se conoce, lo que hay, etc., para realmente ser una expresión exigente.

Hoy, que tenemos el acceso a medios que nos intermedian en lo que la Vida se deja descubrir y en lo que descubrimos, puede cada ser exigirse, en razón –¡sin especiales razones!, pero “en razón”, para entendernos- a lo que se expresa, lo que se hace, lo que se dice. Y, en consecuencia, en esa exigencia, gestar una creatividad, una novedad, ¡un arte!

“Un-arte”, que si lo leemos así y lo escuchamos –¡un-arte!-, ¡nos permite la unión!, ¡el entramado artístico… del vivir! Hacer realmente, de la vida, ¡un arte!… que se exige.

¡Sin duda!, puede ser una exigencia “¡patológica!”; de ésa no estamos hablando. Lo obsesivo, lo desesperadamente perfeccionista, lo exigente en base al sufrimiento, etc., no incluye o no está incluido en esta propuesta orante.

Habitualmente además, la sociedad en que habita actualmente la vida de la humanidad, se ha vuelto –y se vuelve- cada vez más laxa, menos exigente. Todo parece “valer”. Y podría decirse que el rumbo… no está.

Fíjense en dónde –por ejemplo- se manifiestan las hipócritas exigencias.

Recientemente –hace unos días-, se vendió un cuadro por ciento veintiocho millones de euros –¡un cuadro!, sí, aunque parezca mentira-.

“Un cuadro”, dícese de una tela, ¿verdad?, con marco, y que se suele usar para ponerlo en la pared y verlo. ¿Vale? Pero, claro, evidentemente, hay personas que pintan esas telas, y pintan cosas… imágenes… atrayentes. Y por eso, si lo pintas bien, puede suponer ciento veintiocho millones de euros. Hay otros más caros, de acuerdo, pero… para “precio medio”. Bien.

El caso es que, el bueno de Modigliani, pintó a una mujer “disipada”. Sí. Una mujer que, por lo que quiera que sea, llegó a su apartamento y, en el sofá donde se reclinaba el bueno del pintor cuando no se inspiraba, se posó “como Dios la trajo al mundo”: desnuda. Y con tan buena fortuna para los videntes –es decir, los que iban a ver luego el cuadro-, pues la joven expuesta… tenía verdaderas virtudes corporales. Se entiende, ¿no? Bien. Dentro de sus virtudes corporales resaltaban sus glándulas mamarias, con los pezones correspondientes. Normal, ¿no? Igualmente, en la zona pubiana tenía un ligero bello aterciopelado… Nada especialmente llamativo.

Pues bien, después de producirse la noticia, rápidamente, varias cadenas de televisión y periódicos… publicaron el cuadro suprimiendo los pezones y el pubis. ¿Qué les parece? O sea, hay que ser… no sé. O sea, de verdad… “Despezonado” y “despubiado” ¡Hay que ser hipócritas!

Por eso, ¿ven?, eso son actos de absoluta y corriente vulgaridad.

La razón es “para que no contaminen a las mentes nobles infantiles”. ¡Como si le diera mucho reparo al niño, mamar!

-¡Ay, perdón! Disculpa, mamá. ¡Ay!, voy a mamar con los ojos cerrados. ¡No me conturbes!

En otros periódicos han sido –norteamericanos-, han sido más explícitos: han puesto una barra negra en el tórax y una barra negra en el pubis…

Fíjense ¡qué exigencias! Eso es una exigencia puritana, una exigencia… Pero que indica –aparte de una hipocresía ¡brutal!-, indica un… ‘descontexto’. Ese cuadro ha estado expuesto y se ha visto, y todo el mundo… ¡bueno!

¿Qué hay…? ¿Qué hay que escandaliza tanto? ¿La belleza?, ¿el color?, ¿la expresión?, ¿la posición? Parece ser que todo.

Pero parece que es una corriente porque, recientemente, la revista Playboy ha suprimido los desnudos por considerar que ya… “¡Ya está bien!”

-¿”Ya está bien” de qué?

O sea que parece ser que hay una corriente ‘puritacionista’…

Sin duda, promueve también –qué duda cabe, está bien calculado-, promueve también la curiosidad por saber qué han suprimido, qué han quitado. Y en el caso… en este caso, como se habla de la mujer, favorece indudablemente la concepción rácana, dictatorial y… –¡qué duda cabe!- y ‘prostitutocional’, de la mujer.

Sí. Porque si tú suprimes algo de alguien es porque ¡es malo!, es porque te puede inducir a… ¡a pecar!

La intención es clara.

Así se vuelcan las exigencias –éste es un ejemplo-, se vuelcan las exigencias de una cultura, de una sociedad…

Es un ejemplo –es un ejemplo-.

El Senado norteamericano, exigente con los dineros, con un presupuesto para defensa de “quinientos cincuenta y cinco mil millones” –han oído bien- de euros –o sea, una cifra inimaginable-, dentro de esa cifra, han suprimido –escuchen bien-, han suprimido la partida, la pequeña partida que había para Guantánamo. El presupuesto más grande de la historia no incluye… no incluye una partida económica, ya no digo especial sino circunstancial, para Guantánamo.

Indudablemente, según noticias “interfiltradas” –nunca se sabe-, hay carestía en el penal, donde habitan 111, 112, 120… ¡quién sabe exactamente!

Fíjense qué exigencia: en esas “milmillonadas” de… dicen:

-No; pero aquí vamos a hacerles sufrir un poco más…

Y, en consecuencia, no hay motivo para cerrarlo, porque si se ajusta a lo que tenía –¡pero ni una sola partida más!- puede sobrevivir.

Ciertamente, el hombre contemporáneo se vuelve exigente para los castigos, para las imposiciones, para las esclavitudes, ¡para los dominios!, ¡para los mandatos!, ¡para las órdenes!, para los caprichos… ¡Muy exigente!

Los beneficios partidistas se hacen ¡enormemente ególatras!, y sustraen las capacidades innatas de la Vida: ¡ese entramado exigente, creativo, de “un-arte”!

Y el sentido orante nos recuerda que, en base a esa exigencia del entramado de la Vida, ésta se sigue produciendo; mientras, a la vez, se sigue extinguiendo.

¿Quién irá más deprisa?

El despertar con la llegada de la luz… me exige, y los párpados se agitan… ¡como aplaudiendo la claridad!

El sonido del ambiente me mueve… y me exige desperezar; dejar atrás la pereza sonriente del sueño gratificante.

El agua me reclama, y mis sentidos se hacen algarabía exigente para… jugar, jugar con mis manos empapadas.

Mientras, el resto de mis cubiertas reclama también, como si fuera un baño ritual, la llegada de lo inodoro, incoloro e insípido… que parece ser vital.

Y en ese gozo de claridad, reconforta el exigente secado que conduce a… ¡cubrirse!

Cubrirse como… si tesoro fuéramos, en carnalidad, y tuviéramos que pasar a ser sorpresa, ¡regalo!… ¡de verdad!

Y, exigentes, nos afanamos en el adorno, en la puesta, en el color…; ¡en la actividad con la que me voy a presentar!

Exigente, sonrío –ahora recogido como regalo- por estar ¡una vez más!… en el entramado de la Vida. Y gracias a “Alguien” doy, sin saber Quién es, pero sabiendo que, Lo que Sea, ¡está!

¡Ay! Exigente me recojo en los deberes que, en principio, he de realizar. Y dispuesto me pertrecho para que me puedan ¡felicitar!

¡Que sea un agrado, ya que soy un regalo!, ¡ya que me he aderezado!… para ser especial.

No soy “cualquier manera”, no me dispongo de cualquier forma. ¡Sería un desprecio a los demás!

Me coloco en la limpieza, en la sencillez… y en el punto de elegancia que me pueda acompañar.

Así, mi exigencia será participativa, ¡decidida!… y ¡dispuesta!, según necesidad.

Y en esa exigencia plena… voy rutilante, chispeante, y disfrutando de todo a lo que llamo “demás”.

Así me siento “un-arte”… ¡y despierto a los dejados, a los ajados, a los dormidos, a los olvidadizos, a los perezosos!… Aunque no me dé cuenta.

Llaman…

¡Sí! Llaman.

Me llaman… con exigencia, porque la Vida no espera; ¡va! Y si no vas… te quedas. Ya no la podrás alcanzar.

Será un remar contracorriente; y, pronto, con la cascada darás.

La Vida va exigente… Retrasarse es perderse…

***
JLPC

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