ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA:

La postura inicial en el Taijiquan

«El ser humano nace en el espacio

que existe entre el Cielo y la Tierra,

en su naturaleza existen tanto el yin

como el yang, y su fundamento reside

en la energía original indiferenciada»

Sun Lutang,

Estudio del Taijiquan (1921)

Siempre viene bien recordar que si deseamos movernos, primero debemos estar parados; si queremos movilizar nuestra energía, primero debemos calmarla; si esperamos practicar movimientos de lucha, primero tendremos que quedarnos quietos, alerta. Por este motivo, en la práctica del Taijiquan es tan importante o más la quietud que precede a la forma como los propios movimientos.

«Sin forma, sin imagen; sin forma, sin imagen». Estas palabras golpeaban mi mente mientras intentaba ejecutar correctamente el movimiento, extremadamente fácil, de inicio de una forma de Taiji del estilo Chen. Me era imposible: aún cuando mi técnica era depurada, fruto de veinte años de práctica cotidiana, algo fallaba en mi actitud, en mi estado interior. El profesor Zhang me corregía paciente e incansable, pero yo no «pillaba» el concepto de vacío y calma que me exigía. Apretando los labios, con un poco de desesperación, pero siempre amable y tolerante, el profesor Zhang me hacía abrir otra vez la postura inicial. A pesar de su sabiduría, me era imposible entrar en esa fase «sin forma, sin imagen» que se necesita para desarrollar la calma interna durante la práctica del Taiji.

«Sin forma, sin imagen» (wu xing, wu xiang): había leído los clásicos del Taiji, los textos de los grandes maestros de antaño, y todos requerían la comprensión de estas cuatro enigmáticas palabras. Las escuché por primera vez estudiando el Taiji de Zhang Sanfeng en las montañas de Wudang. En la tradición del Taiji taoísta practicado en estas montañas, se ha transmitido un maravilloso poema que describe la sutileza del estado mental, corporal y energético que se requiere para la práctica del Taijiquan como un método de evolución interior. Este poema, conocido como el Canto de la Transmisión Secreta del Verdadero Significado del Taijiquan, que se atribuye al taoísta Li Daozi y que fue transmitido por Song Shuming, dice así:

«Sin forma, sin imagen:

olvidando mi ego;

Todo mi cuerpo es transparente y vacío:

lo exterior y lo interior son una sola cosa.

Respondo a todo con naturalidad:

seguiré los dictados de mi corazón;

 

Como un carillón colgado en el monte Xi:

ilimitado como el mar, sutil como el Cielo.

Como un tigre rugiendo, como un mono aullando:

refinaré mi esencia Yin;

 

Aguas tranquilas, río sereno:

cuando mi mente muera, mi espíritu vivirá.

Torrentes agitados, mares revueltos:

mi energía y mi sangre fluirán;

 

Aniquilando mi personalidad, podré

establecer mi verdadera vida:

mi espíritu se expandirá, mi energía se solidificará».

La primera línea, empleando un lenguaje específico del taoísmo, recuerda a los practicantes la importancia de no apegarse a un patrón fijo, a comprender los cambiantes modelos de la naturaleza y a adaptarse a ellos, a vivir cada práctica de Taiji como si fuese la única, distinta a todas las demás, irrepetible. Antes de empezar a movernos, debemos comprender qué es la quietud, quién es en realidad el que va a moverse, por qué va a hacerlo.

Por este motivo, en la tradición del Taijiquan, es quizá más importante la energía y la presencia desarrolladas en la postura inicial que la secuencia más o menos elegante y correcta de movimientos de las formas. A esta postura inicial se la denomina Wuji shi (postura de la No-Polaridad). Los grandes maestros clásicos han quedado fascinados por la importancia de este momento de quietud inicial, y le han dedicado profundos comentarios. En esta época de búsqueda de la satisfacción inmediata, de pasión por el beneficio instantáneo, de horror hacia el esfuerzo, los practicantes de Taijiquan tenemos un antídoto contra las prisas, la precipitación y la superficialidad en la práctica. Esta vacuna es la postura Wuji.

¿Qué es la postura Wuji?

En la postura Wuji, nos paramos de pie, con los pies algo separados, aunque importa poco la distancia entre ambos. Una vez hemos tomado conciencia de la postura y del espacio que ocupamos, vamos a intentar aligerar la tensión en la nuca, y sentir una sutil energía en lo alto de la cabeza. La barbilla se mete un poco hacia dentro para abrir las cervicales y compensar parte del peso del cráneo. La boca está cerrada, los labios en ligero contacto, y la mandíbula cerrada pero relajada, sin tensión. La lengua puede tocar el paladar, justo detrás de los incisivos, como si estuviésemos a punto de pronunciar la letra «D».

El pecho debe «desinflarse», como si «el corazón bajase hacia el Dantian» o como si quisiésemos apuntar con la punta del esternón hacia el interior del ombligo. El vientre se nota pleno, relajado, como si hubiésemos aflojado el cinturón.

Las lumbares y la cintura se sueltan, evitando tanto una anteversión como una retroversión exageradas de la pelvis. También deberemos olvidar el estirar la columna o situarla en una posición rígida: las curvas vertebrales son maravillosos inventos de la Naturaleza que sirven para compensar pesos y distribuir cargas de forma natural. Ninguna teoría empírica sobre energías, canales u órbitas debería primar sobre la relajación y la naturalidad en la posición de la columna.

Las nalgas no sobresalen. La pelvis cuelga como si fuese una plomada que pende de un hilo, que es nuestra columna. La parte anatómica conocida en Taijiquan como kua (zona comprendida entre la articulación coxofemoral y el pliegue inguinal) se soltará, y el perineo debe redondearse para que el suelo pélvico pierda tensión.

Los brazos cuelgan sin rigidez alguna, como dos cuerdas, relajando los hombros, los codos y las muñecas, y permitiendo una abertura natural y libre de los dedos, que parecen mecerse como banderas al ritmo de una imperceptible brisa.

Las piernas estarán desbloqueadas, ligeramente dobladas, sin forzar las rodillas, que se situarán naturalmente en línea recta sobre los pies.

Todo el cuerpo debería sentirse relajado y natural, centrado y libre de tensiones, como si saliésemos de un baño relajante o estuviésemos inmersos en un paisaje maravilloso.

No debemos pensar en controlar, regular o dirigir la respiración de ningún modo, o perderemos la espontaneidad requerida para disfrutar de la postura. De este modo, poco a poco vamos entrando en un estado de calma (ru jing) en el que la mente y el cuerpo se sienten relajados y tranquilos, en el que no predomina ni el polo Yang ni el Yin, sino que disfrutamos de este estado sin polarización en el que el mundo y nosotros parecemos coexistir sin llegar a existir.

Solo después de haber podido alcanzar una profunda calma interior podemos concentrar nuestros tres xing (sentidos, la naturaleza individual de cada uno de nosotros) en el Dantian: el xing de nuestra mirada interna contempla el Dantian, el xing de nuestro oído escucha el Dantian y el xing de nuestra mente se concentra en el Dantian. Cuando nuestro centro energético desee moverse, empezaremos la práctica de nuestra forma de Taijiquan.

Este estado de interiorización sólo puede darse en un ámbito de meditación, de profundo recogimiento, fuera de las prisas, de entornos competitivos, de carreras. Como la mayor parte de practicantes disponemos de poco tiempo y carecemos de la paciencia necesaria, solemos minimizar al máximo este momento de quietud, pero al hacerlo cedemos al fast food emocional y perdemos parte de los efectos saludables de la práctica.

El concepto Wuji en el Taijiquan

No vamos a profundizar en el origen histórico y filosófico del término Wuji (no-polaridad), que ya aparece en el Libro del Tao, de Lao Zi. Preferimos centrarnos en encontrar su origen en el ámbito del Taijiquan y las artes internas. La búsqueda es fácil, porque uno de los textos clásicos más famosos de la tradición del Taiji, atribuido a Wang Zongyue (s. XVIII), comienza precisamente definiendo el concepto: «El Taiji (Polo Supremo) nace de Wuji (no-polaridad) y es el eje que articula el movimiento y la calma: es la madre del Yin y del Yang». Este texto recoge de modo casi literal el tratado del filósofo neo confuciano Zhou Dunyi (1017-1073), quien escribió un comentario cosmológico sobre el Libro de los Cambios titulado Taiji tushuo (Comentario sobre la ilustración del Polo Supremo) que se abría con este párrafo: «¡Es la no-Polaridad (Wuji), pero es el Polo Supremo (Taiji)! (Cuando) el Polo Supremo se pone en movimiento, genera el Yang; cuando el movimiento alcanza su punto límite, provoca la quietud. En la quietud, (el Polo Supremo) produce el Yin; cuando el movimiento alcanza su punto límite, hay un retorno del movimiento. Movimiento y quietud se van alternando, siendo cada uno el fundamento del otro».

El significado literal de wu es «sin», y ji significa «polo, extremo». Pero ¿qué quiere decir que algo no tiene extremos, que no tiene polaridad? Filosóficamente, el término designa a lo que está más allá de los extremos, más allá de los polos: es lo desconocido, lo inconmensurable, lo incógnito. Es «la madre del Taiji», porque es gracias al Polo Supremo que podemos dibujar un mapa del lugar carente de polaridad y así comenzar a definir lo indefinible.

En los textos clásicos, los autores se detienen con cariño en la postura Wuji, deseando transmitir a los lectores algo de la paz que ellos han sentido durante su práctica. En ese mágico momento, sus pinceles entran en un mundo simbólico, repleto de filosofía, y la ambigüedad de su lenguaje llena de vitalidad su mensaje. Veamos algunos ejemplos:

Chen Xin (1849-1929) fue el primero de los maestros del estilo Chen de Taijiquan que puso por escrito la teoría y la filosofía del arte de su familia. Escribió cuatro volúmenes extremadamente densos, repletos de alegorías, simbolismo, tradición y filosofía, elevando el método Taiji de arte marcial a ejercicio de introspección mental. Además de estudiar los canales de acupuntura, la numerología del Yijing, la cosmología neo confuciana y la alquimia taoísta, detalló punto por punto el trabajo interior que el cuerpo y la energía realizan en todos y cada uno de los movimientos de la forma. Al hablar de la postura Wuji, y de su importancia antes de comenzar a practicar, escribió:

«Wuji (no-polaridad) representa un estado anterior a todas las cosas, antes del Gran Principio Universal, en el que todo estaba turbio y silencioso, caótico y confuso, en lo que se ha venido a llamar ‘Gran Caos Primordial’.

 

«En este momento, el practicante aún no ha iniciado la práctica de los movimientos marciales; está de pie, erguido, en actitud reverente; concentrando su mirada y haciendo sutil su respiración, con los brazos colgando a los lados. Su cuerpo está recto, en una posición correcta, y sus piernas están juntas. En su mente no hay nada, sus pensamientos no se centran en nada, sin sofisticaciones, reverente, sin exigencias, con inocencia. Este estado indiferenciado es la imagen de la No-Polaridad del Gran Caos Primordial, que tiene forma pero carece de nombre. Si queremos denominarla de algún modo, la llamamos No-Polaridad (Wuji).

 

«El Taiji nace de la No-Polaridad. Es la sutil causa de la aparición del Yin y del Yang, como un círculo sin fin. Por eso se dice que preside la dinámica de toda la creación. Antes de iniciar la práctica, las manos y los pies aún no se han movido, pero el practicante ya se siente en una posición correcta, centrada y atenta; la dinámica que dirige la apertura y el cierre del Yin y del Yang y la metodología que rige el aumento y la disminución ya están contenidas de modo íntegro dentro de su vientre. En este mismo instante, gracias a la unificación de la voluntad y la concentración espiritual, tratando el inicio de la práctica con respeto, todos los mecanismos citados arriba, estarán más allá de cualquier configuración material, y no se les podrá dar un nombre, y en caso de tener que nombrarlos, diríamos que son el Taiji». Y concluía: «Antes de comenzar a practicar Taiji, los estudiantes deberán, en primer lugar, purificar su corazón y vaciar su mente de todo pensamiento. Así, aparecerán con una actitud serena, y su cuerpo y su mente podrán poner en marcha la dinámica de los movimientos del Taiji. La meta de todo practicante debe ser unir los dos extremos (Yin y Yang) en una sola unidad para poder retornar al estado de Wuji gracias a la práctica meritoria del Taijiquan.»

Sun Lutang (1861-1933), uno de los más venerados expertos en artes marciales chinas del siglo XX, maestro incontestable en las artes del Taijiquan, el Xingyiquan y el Baguazhang, fundador del estilo Sun de Taiji y admirable artista, también se ocupó de la idea de Wuji en sus obras. En su libro sobre Xingyiquan publicado en 1915, definía el término de este modo: «No-Polaridad es el nombre que recibe la actitud que adoptamos antes de iniciar la práctica: sin pensamientos, sin intención; sin forma, sin imagen; sin yo, sin otros. En nuestro seno aceptamos el Gran Caos Primordial, y la Energía Única (yi qi) se encuentra mezclada e informe, sin intención alguna. (…) A esto se lo denomina ‘El Vacío Supremo puede generar la Energía Única‘».

En su texto de 1921, El Estudio del Taijiquan, Sun volvió a centrarse en la importancia de la actitud Wuji: «Wuji es el estado natural que se da antes de que comencemos a practicar artes marciales. La mente está vacía de pensamientos; la intención, desprovista de movimientos; los ojos no están concentrados en nada; manos y pies están quietos; el cuerpo no se mueve en absoluto; Yin y Yang no se encuentran divididos; la energía limpia y la turbia todavía no se han separado, y continúan turbias y simples; la energía única está en un estado indiferenciado.

 

«El ser humano ha nacido en el espacio que separa el Cielo y la Tierra, y posee una naturaleza que a la vez contiene Yin y Yang. Su energía original es íntegra, indiferenciada. Sin embargo, las personas nos vemos alteradas a causa de nuestros autoengaños y con ello damos paso al nacimiento de la energía impura y al uso de la fuerza bruta. Por encima de todo, si no sabemos cómo cultivar nuestro interior ni de qué modo nutrir nuestro exterior, al final el Yin y el Yang no podrán equilibrarse, y no habrá unificación entre ellos».

Sun Lutang fue, quizás, el último de los autores clásicos que decidió detenerse el tiempo necesario en la descripción del simbolismo de la postura inicial. Después de él, los libros empezaron a obviar los detalles filosóficos y energéticos de esta postura, quizá por desconocimiento, quizá porque se sentían anhelantes por agradar a un público más ávido de información «útil», o puede que para evitar sumergirse en disquisiciones teóricas difíciles de dilucidar. Algunos seguían dándole importancia a la actitud interna, como cuando Zheng Manqing (Cheng Man-ch’ing) escribió en sus Trece capítulos sobre Taijiquan: «la mayoría de los practicantes desdeñan esta postura. ¿Quién les iba a decir que la forma y sus aplicaciones están todas basadas en ella? Cuando comencéis a practicar, deberéis tenerlo muy claro».

«Sin forma, sin imagen». Desearía de corazón haber comprendido todo lo que el profesor Zhang deseaba comunicarme sin palabras, descubrir esa profunda calma interior y permitir que se extendiese a todas las facetas de mi vida. La verdad es que sigo intentándolo. Cada vez que voy a iniciar la práctica de la forma (y soy de los privilegiados que puede repetirla muchas veces al día) intento que las formas, las imágenes, los errores, las satisfacciones, los deseos y las heridas que configuran la vida de todo ser humano, vayan siendo sustituidas por ese estado en el que trascendemos las polaridades, los extremos, y comprender así la no-forma, y contemplar así la no-imagen.

Siempre me han sido de utilidad los versos asociados a la postura inicial del estilo Chen de Taijiquan, que describen tanto la actitud exterior como la sensación interna del estado Wuji:

«En la postura inicial separamos ambos pies; espontáneamente una energía sutil se dirigirá a lo alto de la cabeza.

 

Los oídos escuchan lo que está detrás nuestro, mientras estamos de pie, con el cuerpo centrado: los ojos miran directamente al frente, mientras nuestro corazón y nuestra energía hallan la paz».

Jordi Vilà i Oliveras es licenciado en medicina china y profesor de Xingyiquan y Taijiquan de los estilos Chen y Wudang. Dirige cursos de formación en Qigong (bioenergética) y es el traductor del Yijing, el Libro de los Cambios (Ed. Atalanta 2006).

taijifigueres@yahoo.es

Fotografías: Jordi Vilà

Caligrafías: Wang Zuofeng

Ilustraciones: Teresa Rodríguez

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